Os pongo en situación:

Tienes un problema, llegas tarde a casa de alguien, y mientras abres la puerta ya te están gritando.

O te ven hacer algo y sin preguntar por qué, te pegan un berrido.

O les contradices en algo que están contando, y los decibelios suben que da gusto.

Y, normalmente, esto supone entrar en un plano de la realidad donde el gritador tiene toda la razón y uso de la palabra, mientras que el gritado debería acobardarse y adoptar la postura fetal. O disolverse en su propia ignominia.

Pues espero que vuestra úlcera surja rápida y dolorosamente, para que al menos tengáis un motivo para esa cara de asco.

En serio, me sacais de quicio.

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