Y no, no me vengas con que me compre un Mac.

Regalame uno tú, que fue mi cumpleaños la semana pasada y todavía estás a tiempo.

La cosa va por fases: cuando pruebas un programilla básico tipo Windows MovieMaker, tu primera sensación es "OooOoh! Qué fácil! Cómo mola!!!"

Pero entonces, ya que es fácil y mola, pues esa primera prueba ya la vas a pulir un poco.

Y un poco más, porque ese texto estaría de coña que coincidiera con el momento en que el audio hace tal efecto.

Espera, ¿y si alargara un poquito más la duración de esta imagen y acortara este trozo de vídeo? Mejor, que hay un movimiento feo.

Joder! Ahora el texto aparece en otra secuencia que no tiene nada que ver. A moverlo un poco
Pero he perdido la combinación del texto y el sonido así que...

PASAN 4 HORAS Y HAS EDITADO 3 MINUTOS.
ESO, SI TIENES SUERTE.

Y luego vas, te prestan una cámara de vídeo, y no es compatible con tu programilla, porque la marca en cuestión hace que su software sólo funcione con un programa propio.

Que es parecido al que usaste tú unas cuantas veces... sólo que no tiene exactamente las mismas funciones, pero sí coincide lo suficiente como para que te vuelvas loca buscando dónde esconde aquella función que tan bien te iba.

Y lo encuentras. Y te salta un mensaje: ¿quieres comprar la versión Pro?

Los programillas de edición de vídeo me sacan de quicio.

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